A story to share together
La Canción de Compartir


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En lo profundo del bosque vivía Kiki, un osito lleno de alegría. El juguete favorito de Kiki era una pelota mágica de color morado con estrellas que brillaba intensamente. Quería tanto a su pelota que no quería compartirla con nadie. Cada mañana, apenas despertaba, jugaba con ella y se lanzaba a nuevas aventuras.

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Un día, mientras Kiki jugaba solo con su pelota, sus amigos Leo el León y Mimi la Monita se acercaron. Leo sentía mucha curiosidad por la pelota de Kiki y Mimi también quería jugar con ella. Pero Kiki la abrazó con fuerza y murmuró: '¡Esta es mi pelota mágica, no puedo compartirla con nadie!'. Sus amigos se pusieron un poco tristes, pero Kiki no se dio cuenta.

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Kiki siguió jugando solo con su pelota, pero no se estaba divirtiendo mucho. Lanzaba la pelota, la atrapaba y la volvía a lanzar. Sin embargo, después de un rato, empezó a aburrirse. Podía escuchar las risas de sus amigos, pero no quería ir con ellos. Incluso el brillo de la pelota mágica ya no le daba tanta alegría, porque estaba solo.

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De repente, la pelota de Kiki rodó lejos por accidente y se metió entre unos arbustos. Kiki intentó alcanzarla, pero no pudo debido a las ramas espinosas. Justo en ese momento, Leo y Mimi llegaron a su lado. Leo apartó los arbustos con sus fuertes garras y Mimi atrapó la pelota con sus largos brazos. Kiki estaba muy sorprendido; sus amigos lo habían ayudado.

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Leo y Mimi le entregaron la pelota a Kiki con una sonrisa. El corazón de Kiki se sintió muy cálido. Se dio cuenta de lo egoísta que había sido. '¡Gracias, amigos!', dijo. Luego les extendió la pelota y gritó: '¡Vamos a jugar todos juntos!'. Sus amigos saltaron de alegría, ¡era una idea maravillosa! Se divirtieron mucho más jugando juntos.

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Y desde aquel día, Kiki aprendió que compartir su pelota mágica era la mayor felicidad. Juntos lanzaban la pelota al aire, corrían entre risas e inventaban nuevos juegos. Comprendió que compartir los juguetes no solo trae más diversión, sino que también fortalece la amistad. La canción de compartir comenzó a resonar en el bosque y todos vivieron felices para siempre.



