A story to share together
El primer galope de Pippa
Una niña valiente aprende los pasos suaves de montar a caballo, descubriendo que la paciencia y la amabilidad son los secretos de una gran amistad.


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El sol de la mañana brillaba sobre las colinas verdes de Sunny Farm. Pippa estaba junto a la cerca con sus coletas castañas dando saltitos. Estaba lista para conocer a Barnaby, el caballo más amable de todo el mundo.

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Antes de montar, Pippa tenía que saludarlo correctamente. Extendió su mano lentamente para que Barnaby la olfateara. El gran caballo respiró suavemente sobre su palma, con su crin negra ondeando en la suave brisa de la mañana.

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Luego, llegó el momento de un buen cepillado. Pippa usó un cepillo suave para hacer que el pelaje rojizo de Barnaby brillara como una moneda nueva. Ayudarlo a sentirse limpio y feliz era el primer paso para ser una gran jinete.

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Su maestra la ayudó a levantar la pesada silla de montar marrón sobre el lomo de Barnaby. Pippa se aseguró de que las correas estuvieran ajustadas pero cómodas. La seguridad era muy importante, así que revisó su casco morado una vez más antes de empezar.

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Pippa puso su pie izquierdo en el estribo de metal y se impulsó hacia arriba. ¡Se sintió tan alta como los árboles! Sentada en la silla, sostenía las riendas de cuero suavemente con sus manos pequeñas y firmes.

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Para hacer que Barnaby se moviera, Pippa le dio un apretón muy suave con las piernas. Le susurró un dulce 'camina' a su amigo. Barnaby movió sus orejas hacia atrás para escuchar y comenzó a caminar lentamente hacia adelante.

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Pippa aprendió a dirigirlo moviendo las riendas. Cuando movía su mano hacia la izquierda, Barnaby la seguía. Se movían juntos como un equipo, navegando alrededor de tres conos azul brillante colocados en línea recta sobre el pasto.

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De repente, Barnaby comenzó a trotar un poco más rápido. Pippa se sintió un poco inestable al principio, pero recordó encontrar el ritmo. Se movió arriba y abajo con el compás, sintiendo el viento contra su cara feliz.

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Cuando terminó la lección, Pippa tiró suavemente de las riendas y dijo 'so'. Barnaby se detuvo perfectamente. Ella le acarició su fuerte cuello para agradecerle por ser un maestro tan maravilloso y paciente hoy.

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Finalmente, Pippa bajó de un salto y le dio a Barnaby una manzana roja y crujiente. Había aprendido que montar era mucho más que solo sentarse; se trataba de amor. Y así, los dos amigos regresaron juntos al establo.



