A story to share together
La aventura de compartir de la oruga Tom


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En un gran jardín lleno de vegetación, vivía una oruga muy especial llamada Tom. Lo que más le gustaba a Tom era jugar con sus juguetes coloridos. Tenía un carrito rojo pequeño, pelotas brillantes y un osito de peluche suave. Tom quería tanto a sus juguetes que no quería compartirlos con nadie. A veces, los otros animales del jardín lo miraban y suspiraban.

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Un día, la mariquita Leyla y la abeja Maya llegaron al jardín. Leyla tenía una cometa nueva y a Maya le encantaba recolectar miel de las flores. Tom se sintió un poco triste al verlas jugar con tanta alegría. Pensó para sí mismo: 'Ojalá tuviera un amigo con quien jugar'. Pero ni siquiera se le pasaba por la cabeza compartir sus juguetes. Jugar solo con sus juguetes empezaba a ser aburrido.

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De repente, la cometa de Leyla se enredó con el viento y quedó atrapada en una rama alta. Leyla estaba muy triste. Maya tampoco sabía cómo ayudar. Mientras Tom las observaba, tuvo una idea brillante. Corrió rápidamente con su carrito rojo hacia donde estaban Leyla y Maya. Quizás podría ayudar con uno de sus juguetes.

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Tom dijo: '¡No se preocupen! Tal vez podamos bajar la cometa con mi cuerda'. Sacó una cuerda larga y resistente de su mochila y se la dio a Leyla. Maya también se subió a una flor para ayudar a Tom. Trabajando juntos, lanzaron la cuerda a la rama y bajaron la cometa con cuidado. Cuando la cometa llegó al suelo, la cara de Leyla se iluminó con una sonrisa.

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Después de rescatar la cometa, Leyla se puso muy feliz. Le dio las gracias a Tom y le dijo: '¡Eres un amigo maravilloso!'. Tom se alegró mucho al escuchar las palabras de Leyla. En ese momento comprendió que no solo era divertido jugar solo, sino que compartir con amigos era mucho mejor. Tenía muchos juegos por jugar y compartir podía añadir juegos nuevos a su vida.

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Y desde aquel día, la oruga Tom se convirtió en la oruga más generosa del jardín. Compartió sus juguetes con Leyla y Maya, e inventaron juegos nuevos. Tom aprendió que compartir no solo es divertido, sino que también crea un vínculo de amistad que calienta el corazón. Al final, descubrió que compartir sus juguetes era el mejor regalo y siempre jugó feliz.



