A story to share together
La gran aventura soñolienta de Leo


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¡A Leo, el cachorro de león, le encantaba jugar! Cada tarde, cuando el sol bajaba y pintaba el cielo de color naranja, su amiga Mona la mona lo llamaba. "¡Juguemos un juego más, Leo!", decía ella con entusiasmo. Leo siempre quería seguir jugando y jugando.

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Su mamá, la Leona, le recordaba con dulzura: "Leo, ya es casi hora de dormir, pequeño. ¡A quien madruga, Dios le ayuda!". Pero Leo bostezaba y prometía: "¡Solo cinco minutos más, mamá!". Él quería ver todas las luciérnagas brillar en la noche que oscurecía.

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A la mañana siguiente, cuando el sol brillaba con fuerza, Leo se sentía muy cansado. Sus grandes y alegres ojos verdes se sentían pesados. Mona la mona ya estaba afuera, lista para una gran aventura. "¡Leo, vamos a explorar las Cascadas Susurrantes!", gritó llena de energía.

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Leo intentó seguirle el paso, pero sus patas se sentían pesadas. Tropezó con una raíz y soltó un gran bostezo. "Estoy demasiado cansado para trepar al árbol grande", murmuró con tristeza. Mona la mona esperó pacientemente, pero la diversión se sentía muy lejana para el somnoliento Leo.

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Esa noche, Leo recordó lo cansado que se sentía. Cuando mamá Leona dijo: "Es hora de dormir, mi pequeño cachorro", él no pidió cinco minutos más. Se acurrucó en su cómoda cama de inmediato. Sabía que una buena noche de sueño haría que el mañana fuera mucho mejor.

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¡Finalmente, a la mañana siguiente, Leo despertó sintiéndose de maravilla! Se estiró y soltó un pequeño rugido de felicidad. "¡Estoy listo, Mona!", gritó mientras salía saltando. Y desde ese día, Leo siempre se iba a dormir temprano, ¡sabiendo que una buena noche de sueño hacía que cada aventura fuera la mejor de todas!



