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El granjero Fred y la cosecha dorada
Un granjero amable y su perro servicial muestran cómo el trabajo duro, la paciencia y el cuidado ayudan a una pequeña semilla a convertirse en una gran cena para todos.


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El sol se asomó sobre las colinas verdes para despertar al granjero Fred. Se puso su camisa de cuadros rojos y su sombrero de paja amarillo con una gran sonrisa. ¡Era hora de comenzar un día muy ajetreado en la granja!

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Primero, el granjero Fred y el perro Barnaby fueron al granero rojo. Las vacas hambrientas esperaban su desayuno. Fred lanzó heno dorado en sus comederos mientras Barnaby les ladraba un alegre saludo matutino.

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Luego, visitaron el huerto para preparar el suelo para las nuevas semillas. El granjero Fred usó una pala de hierro pesada para remover la tierra oscura y desmenuzable. Barnaby ayudó cavando pequeños agujeros con sus patas en la tierra blanda.

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El granjero Fred sacó pequeñas semillas de los bolsillos de su overol y las metió en la tierra. Le dijo a Barnaby que cada planta necesita una cama acogedora para crecer. Trabajaron juntos hasta que terminaron todas las filas largas.

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El sol se puso caliente, así que Fred sacó una manguera verde larga. Roció una suave bruma de agua sobre las semillas sedientas. Barnaby intentó atrapar las gotas de agua brillantes con su boca y saltaba de un lado a otro.

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El granjero Fred explicó que las plantas también deben estar a salvo de las malas hierbas furtivas. Pasó la tarde arrancando la hierba espinosa que intentaba robar el agua. Fue un trabajo duro, pero Fred nunca dejó de silbar.

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Pasaron las semanas y las pequeñas semillas se convirtieron en tallos verdes y altos. El granjero Fred revisaba las hojas todos los días para asegurarse de que estuvieran sanas. Barnaby mantenía alejados a los cuervos hambrientos corriendo por los campos.

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Finalmente, las verduras estaban grandes, brillantes y listas para ser cosechadas. El granjero Fred llenó sus cajas de madera con zanahorias naranjas y tomates rojos. Barnaby equilibraba una pequeña cesta en su boca para ayudar a su mejor amigo.

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Al final del día, llevaron la comida fresca al mercado del pueblo. Todos aplaudieron las deliciosas verduras que cultivó el granjero Fred. Se secó el sudor de la frente y se sintió muy orgulloso de su arduo trabajo.

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Y desde ese día, los vecinos supieron exactamente cuánto amor se necesita para cultivar. El granjero Fred y Barnaby caminaron a casa bajo las estrellas, listos para descansar. Finalmente, la granja estaba en silencio y todos estaban satisfechos.



