A story to share together
Pıtır y su brillante paraguas amarillo
Una aventura en una mañana lluviosa que nos cuenta cómo compartir y hacer nuevos amigos nos alegra el corazón.


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Pıtır era el erizo más simpático del bosque. Una mañana se despertó y vio que el cielo estaba cubierto de nubes grises. Enseguida decidió salir afuera y se llevó su cosa favorita: su brillante paraguas amarillo. Las gotas de lluvia hacían clic-clac al caer sobre el paraguas.

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Pıtır caminaba alegremente sobre las hojas mojadas. Su paraguas amarillo lo mantenía bien sequito, y eso lo ponía muy feliz. Con la lluvia, el bosque se había llenado de un aroma a tierra fresca. De pronto, a un lado del camino, Pıtır vio a un pajarito que temblaba.

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Ese pajarito era Maviş. Tenía las alitas mojadas y las plumas pegaditas unas a otras. Maviş no había podido encontrar un lugar para protegerse de la lluvia. Al verlo, Pıtır se detuvo y miró su paraguas amarillo. En realidad, el paraguas era del tamaño justo para uno solo.

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Al principio, Pıtır no quería compartir su paraguas porque tenía miedo de mojarse. Pero al ver cuánto frío tenía Maviş, sintió mucha ternura en su corazón. Despacito, se acercó a Maviş. Ayudarlo empezó a parecerle mucho más importante que quedarse seco.

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Con una vocecita suave, Pıtır invitó a Maviş a ponerse bajo su paraguas. Maviş agitó sus alitas de inmediato y se posó junto a Pıtır. Ahora los dos estaban bajo el paraguas amarillo. La lluvia seguía cayendo afuera, pero ellos estaban a salvo.

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Empezaron a caminar juntos por el bosque. Pıtır se esforzaba mucho para mantener el paraguas en equilibrio. Maviş, por su parte, le cantaba canciones alegres y hacía que el camino fuera muy divertido. Compartir era mucho más entretenido que caminar solito.

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Mientras avanzaban, se encontraron con un gran charco de agua. Para las patitas cortas de Pıtır, el agua era muy profunda. Maviş pensó una solución enseguida. Batió sus alas señalando un caminito menos hondo y le mostró a Pıtır una ruta segura.

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Poco después, el sol empezó a asomarse entre las nubes. La lluvia paró y el bosque brilló reluciente. Pıtır cerró despacio su paraguas amarillo. Ya no necesitaban el paraguas, pero para entonces ya se habían hecho grandes amigos.

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Maviş le dio muchas gracias a Pıtır por su ayuda. Si Pıtır no hubiera compartido su paraguas, Maviş se habría enfermado mucho. Y ese día, Pıtır aprendió por sí mismo que cuando compartimos algo, la felicidad crece. Compartir había unido sus corazones.

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Y desde ese día, cada vez que llovía, Pıtır y Maviş se encontraban para pasear juntos bajo el paraguas amarillo. A partir de entonces, para Pıtır la lluvia ya no significaba mojarse, sino amistad. Y así, esta hermosa historia de amigos en el bosque duró para siempre.



