A story to share together
Pip y el Prado del Espejo Mágico
Una ardilla curiosa aprende que las aventuras reales y los verdaderos amigos son mucho más gratificantes que buscar 'me gusta' en una pantalla brillante.


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En el corazón del Bosque Soleado vivía Pip la ardilla. Pip era una ardilla feliz con una cola muy esponjosa y una gorra de béisbol azul brillante. Una mañana, encontró una piedra brillante y luminosa cerca del viejo río.

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La piedra le mostraba a Pip imágenes de otras ardillas haciendo trucos asombrosos. Las veía comiendo nueces gigantes y usando coronas brillantes. Pip se sintió un poco triste porque su propia vida no parecía tan elegante ni brillante.

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Pip pasó todo el día mirando la piedra brillante, esperando ver más. Se olvidó de jugar a las atrapadas con sus amigos o de recoger bellotas para la cena. La luz brillante hacía que sus grandes ojos negros se sintieran muy cansados.

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De repente, una sombra cayó sobre Pip. Era Oliver el búho, usando sus anteojos plateados y una bufanda morada. Oliver miró la piedra brillante y negó con la cabeza lentamente con una sonrisa muy amable.

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Oliver le dijo a Pip que la piedra solo mostraba las mejores partes de los demás. No mostraba el trabajo duro ni los momentos desordenados. Dijo que mirarla demasiado hacía que la gente olvidara su propia alegría.

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Pip miró la piedra y luego el bosque real a su alrededor. Se dio cuenta de que se había perdido el canto de los arrendajos azules y el olor de las agujas de pino. La pantalla era solo una distracción ruidosa.

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Oliver explicó que los verdaderos amigos nos quieren por quienes somos, no por cuántos 'me gusta' recibimos. Animó a Pip a guardar la piedra y disfrutar del aire fresco del gran bosque.

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Pip decidió escuchar al sabio búho. Guardó la piedra profundamente dentro de su mochila amarilla y trepó a un árbol alto. Desde la cima, podía ver el mundo entero sin ninguna pantalla brillante.

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Encontró a sus amigos y jugaron un largo juego de escondite. Pip se sentía fuerte y rápido. No necesitaba una corona ni una nuez gigante para sentirse la ardilla más afortunada del bosque.

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Finalmente, Pip se dio cuenta de que la vida real es la mejor aventura de todas. Dejó la piedra en una cueva oscura y nunca miró atrás. Y así, Pip vivió feliz, disfrutando cada momento real con sus queridos amigos.



