A story to share together
El valiente viaje de Doru y Sare
La pequeña Sare y sus valientes amigos caballos Doru, Karatay y Alaca descubren el poder de la ayuda mutua y el valor al cruzar el río.


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El viento soplaba suavemente en la amplia y verde pradera. La adorable Sare, de tres años, estaba sentada segura sobre el lomo de su querido amigo caballo Doru. Mientras sus dos coletas ondeaban con alegría, soñaba con una divertida aventura.

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Su fuerte amigo Karatay y la cariñosa Alaca se unieron a ellos. Juntos corrían y jugaban felices entre la hierba fresca. Sare, sosteniendo la suave crin de Doru, reía alegremente y compartía la alegría de los caballos.

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De repente, se escucharon ruidos extraños desde las colinas lejanas. Una manada de lobos curiosos se acercaba hacia la pradera. Doru levantó las orejas, y de inmediato Karatay y Alaca se pusieron juntos para proteger a la manada.

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Para alejarse de los lobos, tenían que cruzar al otro lado del ancho río. Doru giró la cabeza y miró a Sare. Sare estaba un poco asustada, pero respiró hondo, abrazó el cuello de su amigo y sonrió con valentía.

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Karatay avanzó para comprobar la corriente del agua. Relinchó como diciendo: «¡Juntos podemos lograrlo!». Alaca tranquilizó a los demás caballos que venían detrás y los puso en fila. Sare observó con admiración la actitud decidida de sus amigos.

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Doru dio su primer paso en el agua fresca con paso firme. Sare apretó bien sus piernas y se adaptó a los pasos de su caballo. Karatay, con su cuerpo fuerte, resistió la corriente y abrió un camino seguro para Doru y Sare.

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Alaca venía justo detrás llevando consigo a los miembros más pequeños de la manada. A medida que el río se hacía más profundo, Sare se emocionaba, pero se inclinó hacia la oreja de Doru y le dio ánimo cantándole con voz dulce.

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La alegre canción de Sare le dio una gran fuerza a toda la manada. Karatay y Alaca aceleraron el paso. Doru, con sus patas fuertes, dejó atrás la mitad del río y llegó a las piedrecitas de la orilla opuesta.

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Toda la manada llegó a salvo a la otra orilla y el peligro quedó atrás. Los lobos, que se habían quedado lejos, se quedaron mirando desde el otro lado del río. Sare acarició con cariño el cuello de Doru y le dio las gracias diciendo: «¡Lo logramos, querido amigo!».

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Y así, Sare y sus valientes amigos caballos demostraron a todos que estar unidos puede vencer cualquier dificultad. Mientras el sol se ponía, corrieron con alegría y descansaron en la hierba verde. A partir de ese día, el lazo de amor entre ellos se volvió aún más fuerte.



