A story to share together
Oliver el Búho y el Mapa de los Muchos Senderos
Un joven búho descubre que sus lecciones escolares son en realidad llaves secretas que lo ayudan a navegar en una aventura por un bosque mágico.


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En el Gran Bosque Frondoso, Oliver el Búho estaba sentado en su pequeño escritorio de madera. Su maestro le dio un mapa para estudiar como tarea, pero Oliver quería jugar. Guardó el papel y miró hacia afuera.

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Su mejor amigo, Pip la Ardilla, llamó a la puerta con un golpe fuerte. Pip llevaba una bufanda amarilla y se veía muy emocionado. Le pidió a Oliver que fuera a una gran búsqueda del Árbol de la Nuez Dorada.

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Oliver tomó su mochila azul y siguió a Pip hacia los arbustos espesos. Caminaron durante mucho tiempo hasta que llegaron a una bifurcación en el camino. Tres senderos diferentes conducían hacia el bosque oscuro y sombrío que tenían delante.

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Pip señaló hacia la izquierda, pero Oliver no estaba seguro de la elección. Recordó que su maestro dijo que el mapa de la tarea mostraba el camino más seguro. Oliver sacó el papel arrugado de su mochila azul para echar un vistazo.

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El mapa tenía un acertijo que Oliver debía resolver la noche anterior. Decía que siguiera el camino donde crecen las flores moradas. Como no había terminado su trabajo, no sabía qué camino tomar.

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De repente, Oliver recordó un poquito de la lección de su salón de clases. Sabía que las flores moradas solo crecen cerca del Arroyo Cantor. Escuchó con atención y oyó el suave sonido del agua chapoteando cerca.

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Encontraron el arroyo y lo siguieron hasta un puente hecho de piedras antiguas. Una gran puerta de madera bloqueaba su camino. Para abrir la puerta, tenían que resolver un problema de matemáticas tallado en la madera pesada.

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Oliver se dio cuenta de que su tarea de matemáticas era la llave para abrir la puerta. Usó sus garras para contar con cuidado. Resolvió el problema rápidamente y la pesada puerta de madera se abrió con un fuerte chirrido.

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En el centro del prado se encontraba el magnífico Árbol de la Nuez Dorada. Oliver estaba muy orgulloso de sí mismo por recordar sus lecciones. Se dio cuenta de que hacer su tarea lo convertía en un explorador mucho mejor y en un búho más inteligente.

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Y así, Oliver nunca volvió a saltarse su tarea. Sabía que cada lección era una nueva herramienta para su próxima gran aventura. Finalmente, los dos amigos compartieron un bocadillo bajo las estrellas, listos para la escuela mañana.



