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La vía rápida de Leo hacia la meta
Un niño llamado Leo descubre que convertirse en piloto de carreras profesional requiere práctica, hábitos saludables y trabajar en equipo.


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Leo corría por su habitación con un coche de juguete. Soñaba con conducir los coches más rápidos del mundo. '¡Quiero ser piloto profesional!', gritó Leo felizmente. Sus ojos verdes brillaban con grandes sueños.

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A la mañana siguiente, Leo visitó la pista local. Conoció a la entrenadora Clara, quien sabía todo sobre carreras. Ella miró a Leo y sonrió. 'Se necesita más que velocidad para ganar, Leo. Debes aprender a ser un campeón'.

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La entrenadora Clara llevó a Leo a un pequeño kart. 'Antes de conducir un coche grande, debes dominar el pequeño', dijo ella. Leo se subió y agarró el volante con fuerza. Se sentía como un verdadero héroe.

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Leo aprendió que los pilotos deben ser muy fuertes. La entrenadora Clara le mostró cómo hacer ejercicio. 'Debes tener un corazón y unos músculos fuertes para conducir a altas velocidades', explicó ella. Leo hizo diez saltos de tijera.

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'Comer bien también es parte del trabajo', dijo la entrenadora Clara. Le dio a Leo una manzana verde crujiente. Los pilotos profesionales comen muchas frutas y verduras para mantener su cerebro alerta y su cuerpo moviéndose rápido.

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Luego, Leo aprendió sobre el equipo de mecánicos. 'Ningún piloto gana solo', dijo la entrenadora Clara. 'Necesitas un equipo para cambiar los neumáticos y arreglar el motor'. Leo estrechó la mano de los mecánicos. Aprendió a decir gracias.

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El cielo se volvió gris y empezó a llover. 'Un campeón debe conducir en cualquier clima', gritó la entrenadora Clara. Leo practicó conducir con cuidado sobre el pavimento mojado. Aprendió que la paciencia es tan importante como la velocidad.

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Leo pasó muchas semanas practicando sus giros. A veces se sentía cansado, pero nunca se rindió. Recordaba lo que dijo la entrenadora Clara sobre el trabajo duro. Cada vuelta lo hacía más rápido y mucho más seguro de sus habilidades.

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Finalmente, llegó el momento de la gran carrera juvenil. Leo sentía mariposas en el estómago. 'Confía en tu entrenamiento', susurró la entrenadora Clara. Leo respiró hondo y se puso el casco. Estaba listo para perseguir su sueño.

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Leo cruzó la línea de meta con una sonrisa gigante. Se dio cuenta de que ser piloto significaba ser un líder y un buen compañero de equipo. Y desde ese día, Leo supo exactamente cómo alcanzar su meta de ser el mejor.



