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El secreto del cabello mágico de Pamuk


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En una mañana soleada, la pequeña Pamuk se paró frente al espejo y miró su cabello rubio que caía sobre sus hombros. Ojalá mi cabello fuera largo y brillante como el de las princesas, pensó. Pero su cabello parecía no crecer nunca y eso la ponía triste.

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Pamuk decidió visitar al Señor Búho, quien vivía en el Bosque Sabio y lo sabía todo. Quizás él conocía una poción secreta para que el cabello creciera más rápido. Rápidamente se arregló su vestido de margaritas y se dirigió al bosque.

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El Señor Búho, sentado en la rama de un viejo roble, se ajustó su pajarita roja y recibió a Pamuk. Pamuk le hizo su pregunta más importante: ¿Qué debo hacer para que mi cabello crezca más rápido? El sabio pájaro sonrió, se acomodó sus gafas y comenzó a explicar.

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El Señor Búho dijo que el cabello debe nutrirse desde adentro, igual que las flores. Si cuidas bien tu cuerpo, tu cabello te lo agradecerá, dijo. Nuestra primera regla es comer vegetales coloridos y frutas frescas. Las vitaminas son las mejores amigas de tu cabello.

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No basta solo con comer, añadió el Señor Búho. Debes beber mucha agua para que tu cabello no se quede sin hidratación. El agua revitaliza las raíces del cabello y hace que crezcan hacia el cielo. Pamuk bebió un sorbo de su botella de agua y sonrió.

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El tercer secreto es ser amable, dijo el sabio pájaro. Al peinar tu cabello, debes hacerlo con suavidad, como si tocaras una tela de seda. Si lo peinas con delicadeza en lugar de tirar de él con fuerza, evitarás que se rompa. Así, tu cabello seguirá creciendo sano y seguro.

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Por último, el Señor Búho explicó la importancia del sueño. Mientras dormimos por la noche, nuestro cuerpo trabaja muy duro para hacer crecer nuestro cabello. Dormir bien le da energía a tu cuerpo. Con esa energía, tu cabello sigue creciendo silenciosa y rápidamente durante toda la noche.

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Pamuk le agradeció al Señor Búho por estos maravillosos consejos. Ahora entendía que no necesitaba una poción mágica. Comer sano, beber agua y cuidar su cabello con delicadeza eran los mayores poderes mágicos. Con alegría, emprendió el camino de regreso a casa.

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Pasaron los días y las semanas. Pamuk comió frutas frescas todos los días, bebió su agua y peinó su cabello con suavidad. Cada noche durmió a tiempo. Cada vez que se miraba al espejo, notaba que su cabello se veía más brillante y fuerte.

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Finalmente, el cabello de Pamuk había crecido justo como ella quería y estaba muy saludable. Les contó este secreto a sus amigos. Si cuidamos bien nuestro cuerpo, nuestro cabello florecerá como las flores, dijo. Y desde ese día, Pamuk siempre mantuvo sus hábitos saludables.



