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El viaje de Leo a la tierra de hielo
Un niño curioso aprende cómo los osos polares sobreviven en el frío Ártico observando a una osa y su cachorro a través de su telescopio mágico.


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Leo el Explorador estaba de pie en el borde de la tundra ártica nevada. Se ajustó su parka amarilla y sostuvo su telescopio de bronce con fuerza. Quería ver cómo vivían los grandes osos blancos en el frío norte helado.

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A través de su lente, Leo divisó una forma blanca gigante moviéndose por el mar congelado. Era Mamá Osa, con su espeso pelaje blanco cremoso y su nariz negra. Se veía muy abrigada a pesar del viento que soplaba nieve a su alrededor.

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Justo detrás de ella saltaba Pippin el Cachorro. Pippin era una pequeña y esponjosa bola de pelo blanco con ojos muy redondos. Estaba aprendiendo a caminar sobre el hielo resbaladizo siguiendo las huellas muy grandes de su madre.

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Leo notó que los osos no temblaban en absoluto. Aprendió que los osos polares tienen capas gruesas de grasa llamadas grasa corporal. Esta grasa especial actúa como una manta cálida para mantenerlos cómodos en el agua helada.

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De repente, Mamá Osa saltó al océano oscuro y helado con un chapoteo gigante. Usó sus patas anchas y peludas como remos para nadar a través de las olas. Pippin observaba desde el borde, esperando a que su madre regresara.

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Pippin sintió un poco de frío, así que comenzó a correr y deslizarse sobre su barriga. Esto ayudó a que su cuerpo se mantuviera caliente y fuerte. Leo se rió mientras veía al pequeño cachorro deslizarse sobre el hielo liso como un trineo esponjoso.

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El sol comenzó a ponerse, convirtiendo el cielo en tonos rosados y anaranjados. Mamá Osa salió del agua y se sacudió para secarse. Pequeños cristales de hielo salieron volando de su espeso pelaje como diamantes brillantes bajo la luz.


