A story to share together
La aventura acuática de Damla y Can
Una ardilla curiosa y una flor sedienta aprenden cómo beber agua nos da energía y nos revitaliza.


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En una mañana soleada, la ardilla Can saltaba alegremente por el bosque. Con su gorro azul y su mochila amarilla, se veía muy enérgico como siempre. Sin embargo, al llegar junto a su amiga, la flor Damla, notó que ella tenía la cabeza baja y se veía muy triste.

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Can le preguntó de inmediato qué le pasaba. La flor Damla susurró que se sentía muy cansada y débil. Sus pétalos estaban secos y había perdido su brillante color de siempre. Can se entristeció mucho al ver a su amiga así y decidió ayudarla.

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Can corrió hacia el Sabio Búho y le preguntó cómo podía curar a su amiga. El Sabio Búho dijo: 'El agua es la fuente de la vida, pequeña ardilla. Nuestro cuerpo necesita agua para funcionar. Si no bebemos agua, nos volvemos lentos y nos cansamos, como un juguete al que se le han acabado las pilas'.

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Can corrió rápidamente hacia el arroyo de plata más cercano. Llenó su pequeña cantimplora con agua fresca y helada. Mientras corría, se dio cuenta de que él también tenía sed y tomó un sorbo. Al pasar por su garganta, el agua le dio al instante una gran energía.

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Can regresó rápidamente junto a Damla y vertió el agua fresca lentamente sobre las raíces de la flor. Mientras Damla bebía el agua, parecía ocurrir una magia. Sus pétalos se levantaron poco a poco y su color volvió a ser un azul brillante. El agua la había limpiado desde adentro hacia afuera.

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La flor Damla sonrió alegremente y dijo: 'Gracias, Can, ahora me siento de maravilla'. Can comenzó a explicarle con entusiasmo que el agua no solo quita la sed, sino que también ayuda a que nuestro cerebro piense mejor y a que nuestros músculos funcionen con más fuerza.

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Durante todo el día, Can enumeró las razones por las que debemos beber mucha agua. Beber agua nos protege de enfermedades, hace que nuestra piel brille y evita que nos cansemos rápido mientras jugamos. Si no bebemos suficiente agua, nos puede doler la cabeza y sentirnos muy somnolientos.

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En ese momento, otros animales del bosque se acercaron a ellos. Los conejos, los pájaros y las pequeñas tortugas escucharon sobre la importancia del agua. Todos decidieron hacer una carrera hacia el arroyo para beber agua fresca. Beber agua se convirtió en su hábito más divertido.

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Can y sus amigos se prometieron beber ocho vasos de agua todos los días. A medida que bebían agua, sus ojos brillaban más y podían correr más rápido. Ya ninguno tenía que cansarse a mitad del juego y volver a casa temprano.

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Y desde aquel día, todos en el bosque aprendieron el milagro del agua. Can y Damla nunca olvidaron empezar el día con un vaso de agua fresca cada mañana. Vivieron felices para siempre en el bosque, saludables, alegres y llenos de energía.



