A story to share together
Havva, Ela y su pequeña amiga mosca
Mientras dos alegres hermanas cantan con sus micrófonos morados, Havva ayuda con ternura a una pequeña mosca que lastimó por accidente, aprendiendo el valor de la amistad y el cuidado.


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Una tarde soleada, Havva y su hermana Ela bailaban llenas de alegría. Sus padres les habían regalado un set de karaoke morado que venía con dos micrófonos pequeñitos. Las dos hermanas no tardaron en ponerse a cantar.

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Ese día tenían dos visitas muy queridas en casa. Su tía mayor, Şule, descansaba en el sofá, mientras que su tía menor, Şüheda, saboreaba un té caliente en la mesa. Las dos hermanas corrieron a su lado con los micrófonos morados en la mano.

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Havva y Ela se pusieron a cantar con el micrófono con todas sus fuerzas. La tía Şule se tapaba las orejas entre risas, y la tía Şüheda intentaba llevar el ritmo de la canción dando palmadas. La casa se llenó de risas y de alegres melodías.

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Las niñas saltaban felices de un lado para otro y el ritmo se volvió todavía más animado. Con una sonrisa muy dulce, la tía Şule se sujetó la cabeza y les pidió un poquito de silencio. Las dos hermanas siguieron dando vueltas por la casa entre carcajadas.

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Llena de entusiasmo, Havva dio un paso hacia atrás y oyó un pequeño chasquido bajo su pie. Enseguida se detuvo a mirar el borde de la alfombra. En el suelo había una pequeña y simpática mosca negra.

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La pequeña mosca intentó mover despacito sus alas, pero no pudo despegar. Tenía un ala lastimada y no podía volar. Havva se arrodilló para verla de cerca; sintió una punzada en el corazón y se puso muy triste por haberla pisado sin querer.

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Ela dejó el micrófono a un lado y fue corriendo junto a su hermana. Con mucho cuidado, las dos hermanas colocaron a la mosca sobre una servilleta. La tía Şule les llevó una gotita de agua azucarada y las ayudó a calmarse.

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A Havva se le ocurrió una idea genial para que la mosca no se aburriera y la puso en práctica de inmediato. Tomó la tableta para niños de la mesita, la colocó delante de la mosca y puso unos dibujos animados llenos de color. La mosca miró la pantalla con mucha atención.

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Al ver a las simpáticas abejitas bailarinas en la pantalla, la pequeña mosca empezó a mover sus antenas con alegría. Ela y Havva se sentaron en silencio a su lado. Al ver el gran corazón de las dos hermanas, sus tías sonrieron con orgullo.

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Por fin, la pequeña mosca descansó, recuperó las fuerzas y, batiendo suavemente sus alas, voló hacia la ventana. Y desde aquel día, siempre que Havva y Ela cantan, tienen muchísimo cuidado con todos los pequeños seres vivos que las rodean.


